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Salud y bienestar – Entrega 01

“No les dimos teléfono a nuestros hijos hasta que cumplieron 14 años.” — Bill Gates, cofundador de Microsoft, filántropo y uno de los primeros en advertir sobre los riesgos del uso temprano de la tecnología en los niños.

Niño acostado de madrugada frente a una tablet, iluminado por luz azul y con un reloj marcando la 1:15 a.m., símbolo del exceso de pantallas en la infancia.
Mientras tú duermes, él sigue conectado… y se apaga por dentro

Juego 1: Tecnología: 0 vs Infancia: 1

La rodilla de Mayito sangraba bastante. Había ganado la carrera, pero al final tropezó y al caer se hirió con una piedra filosa. Otros niños lo llevaron cargado hasta su casa, y cuando sus padres lo vieron, se les paró el corazón: el short roto, un chichón en la frente, la boca partida y las piernas llenas de tierra y sangre. En el hospital, el médico los calmó: nada grave, solo unos días de reposo en casa y estará listo.

Esa noche, después de Las aventuras, algunos de sus amigos del barrio tocaron a la puerta para preguntar por él. Querían saber si podía salir a jugar. Su papá les dijo que no, que todavía debía descansar. Mayito se acostó temprano y lloró. No era por el dolor de la rodilla. Lloraba porque escuchaba las voces y las risas afuera. Sus amigos jugaban, corrían por toda la cuadra, y él estaba allí, atrapado entre cuatro paredes.

Pasaron dos días y ya estaba cansado del televisor. En la Cuba de esos años, entre los 90 y principios del 2000, esa era prácticamente la única tecnología que había en las casas. Los muñequitos, La sombrilla amarilla, Pocholo y su pandilla, Tato y Carmina, El camino de los juglares… nada de eso lograba llenar el vacío de no estar en la calle, sintiéndose libre.

Su padre quiso animarlo y un día llegó con un Betamax que le había mandado su hermano desde el extranjero. Al principio, Mayito vio las películas con curiosidad, pero pronto se aburrió otra vez. En cuanto se sintió mejor, salió disparado a buscar a sus amigos, como si nada hubiera sucedido.

Los años siguientes, mientras Mayito crecía, fueron llegando más cosas: el VCD, el DVD, un televisor chino Panda a color, e incluso un Atari viejo que su primo le regaló un verano. En su casa podían considerarse afortunados: muchos otros ni soñaban con tener algo así. Pero nada de eso lo detuvo. Corría más rápido que nadie, era el mejor jugando bolas, siempre ganaba con el trompo, y sus papalotes volaban más alto porque su padre lo ayudaba a construirlos.

Hoy, Mayito es padre y vive en Estados Unidos. Llega cansado a casa después del trabajo y encuentra a su hijo de seis años pasando horas frente a una tablet. El niño no llora cuando no puede salir; de hecho, casi nunca pide salir. Prefiere quedarse adentro, con la pantalla encendida, viendo videos que cambian cada diez segundos o jugando juegos raros.

Mayito a veces lo mira y recuerda aquella noche en que lloró por no poder jugar en la calle, y se pregunta:
—¿Cuándo fue que cambió todo? ¿Cuándo dejó de ser la pantalla un castigo y se convirtió en lo único que calma?
—¿Quién ha causado esto?

Tú, Mayito. Y miles como tú lo han permitido.
La decisión de dejar que una pantalla reemplace la infancia de tu hijo, es, en definitiva, tu responsabilidad.

Juego 2: Tecnología: 2 vs Infancia: 0

El uso de teléfonos móviles y dispositivos digitales entre niños y adolescentes ha alcanzado niveles preocupantes. Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), casi el 90% de los niños entre 8 y 12 años utiliza algún dispositivo con acceso a Internet de forma diaria, principalmente para entretenimiento, comunicación y tareas escolares (AAP). Sin embargo, el uso excesivo va más allá de los beneficios y se ha convertido en un riesgo real para la salud y el bienestar infantil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha publicado recomendaciones claras sobre el uso de tecnologías digitales en la infancia, especialmente para menores de 5 años (OMS). Para niños menores de 1 año, no se recomienda nada de tiempo frente a pantallas. Para los niños de 2 a 4 años, el tiempo de pantalla debe limitarse a un máximo de 1 hora diaria, y cuanto menos, mejor. Esto busca prevenir sedentarismo, sobrepeso, trastornos del sueño y dificultades sociales.

Además, un estudio reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), sobre adolescentes y tecnología, realizado en países hispanohablantes y aplicable al contexto de Estados Unidos, indica que más del 90% de los jóvenes se conecta casi todos los días a redes digitales y que 1 de cada 3 presenta un uso problemático de plataformas sociales o videojuegos. El informe alerta sobre riesgos como el ciberacoso, sextorsión, apuestas y acceso a contenidos inadecuados (UNICEF).

La AAP también subraya que el acceso temprano a smartphones aumenta la probabilidad de ansiedad, depresión, ciberacoso y peor calidad del sueño. Por ello, aconseja retrasar la entrega del primer móvil lo máximo posible, establecer rutinas claras y supervisar siempre el contenido digital al que acceden los menores (AAP).

Niños jugando canicas bajo el sol, riendo y disfrutando juntos en una calle del barrio; símbolo de la infancia libre y sin pantallas.
Ayer: La infancia libre, cuando las rodillas raspadas valían más que cualquier pantalla.
Teléfono con medalla de oro sobre el podio, un niño con medalla de plata baja la mirada, y sus juguetes tradicionales quedan olvidados; metáfora del dominio de la tecnología sobre la infancia.
Hoy: La tecnología sube al podio, la infancia se queda abajo.

Efectos negativos del uso excesivo de tecnología en niños y adolescentes

El uso desmedido de pantallas, redes sociales y dispositivos por parte de los menores ya no es solo una moda: diversos estudios y organismos internacionales advierten que los riesgos superan los beneficios, impactando la salud física, emocional y social de nuestros hijos.

Padres 3 vs Tecnología 0

Para cambiar el marcador hace falta involucrarse, liderar y establecer rutinas sanas en casa. Si los padres actúan con constancia y ejemplo, crean espacios de convivencia, juego y diálogo que contrarrestan la influencia absorbente de la pantalla. Cada acción suma: el futuro de los hijos depende de lo que se haga hoy, no mañana. Estas son las jugadas que marcan la diferencia y devuelven a la familia la victoria que merece:

  1. Lidera con el ejemplo
    Los adultos deben bajar primero el uso digital, demostrando autocontrol y desconexión durante los momentos clave: comidas, reuniones, visitas.
  2. Rutinas y reglas claras
    Define horarios y lugares sin pantallas. Deja claro que el uso digital es una excepción, no la regla. Respeta y haz cumplir límites de tiempo.
  3. Prioriza actividades offline
    Organiza juegos de mesa, sesiones de lectura familiar, manualidades, deportes y paseos en el barrio. Recupera tus juegos tradicionales.
  4. Fomenta la lectura y el diálogo
    Promueve libros físicos en casa, crea clubes de lectura y aprovecha cada oportunidad para dialogar, preguntar y escuchar.
  5. Promueve el deporte y la participación comunitaria
    Matricula a tus hijos en deportes, grupos artísticos, actividades escolares o comunitarias donde la tecnología no esté en el centro.
  6. Supervisa y adapta el entorno digital
    Revisa qué ven y hacen, instala controles parentales, elimina apps adictivas y favorece contenidos educativos reales.
  7. Refuerza normas y premios
    Si tu hijo rompe las reglas, aplica consecuencias justas y razonables. Celebra y premia los logros con experiencias fuera de casa.
Padre con armadura simbólica y escudo luminoso protege a su hijo del ataque de dispositivos digitales, metáfora de los padres que enfrentan la era tecnológica para cuidar a sus hijos.
Nuestros chicos no están solos. Siempre habrá quien los defienda del ruido digital.
Padre camina con su hijo en brazos al amanecer, mientras el niño sostiene un libro y el suelo está cubierto de pantallas apagadas; símbolo del triunfo de la familia y la educación sobre el exceso tecnológico.
Cuando el amor guía, la tecnología deja de mandar.

La infancia no se recupera. Como padre, tienes en tus manos la oportunidad de cambiar el marcador. Lidera, acompaña y recupera la convivencia familiar y comunitaria, el futuro de tus hijos depende de lo que haces hoy.

¿Cuándo fue la última vez que tu hijo corrió, jugó y rió desconectado de la pantalla?

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